"El infierno prometido" de Elsa Drucaroff (Marea, 2022)
- José Henrique

- 22 dic 2025
- 2 Min. de lectura

Esta es la primera obra de ficción que leo de Drucaroff. No me gustó. Creo que las apuestas narrativas que intentó en esta novela, naufragaron. Me da la sensación de que quiso que funcionara para todos los públicos, el de best sellers, el académico, el de novela histórica, romántica, etc, etc, y no todos podemos ser Puig. Y se le terminó imponiendo "el que mucho abarca poco aprieta" o " ni chicha, ni limonada".
Para la estrategia novela histórica, la época que elige es interesantísima y había mucho jugo para sacar, pero opta por encerrar, en todo momento, a los personajes: en el camarote, en el burdel de Buenos Aires, en el vagón de tren hacia la Patagonia, etc., etc., y esa decisión le liquida la potencia social y de transformaciones que le hubiera dado el afuera. Por ende el peso de lo histórico se deshilacha y no gravita en el texto.
Tomar la decisión de poner a Arlt como personaje importante es una apuesta arriesgada que sale mal. Porque, ni se juega a ponerlo en el centro de la escena con nombre y apellido. Un matar o morir en el intento de que la construcción ficcional de semejante personalidad del mundo real, le permita atrapar y dialogar con una época (como, por ejemplo, lo hace Rivera con su Castelli en La Revolución es un sueño eterno). Ni lo pone como un personaje anecdótico. Arlt es, en la novela, un personaje importante para la historia, pero podría haber sido Juan de los Palotes y era lo mismo.
Nota aparte (y esto me molestó bastante) son las “pistas” para que descubramos que es Arlt el personaje. A saber: lo llama Godofredo que es su tercer nombre; la novela que este personaje escribe es La vida puerca, título primigenio de El juguete rabioso (obvio que este título que todos conocen no se nombra) que Güiraldes le sugiere cambiar; periodista estrella del diario de Botana; personajes de Los siete locos/Los lanzallamas que aparecen en esta novela como “el rufián melancólico” o “el buscador de oro” que están metidos con forceps, y así podría seguir esta lista de intertextualidades innecesaria para la vida de la novela que intenta Drucaroff.
En síntesis, como guiño para el público académico son muy obvias y para el lector de best sellers funcionan como subestimación pedante y distanciamiento de la autora de ese lector, rompiendo la complicidad con éste.
Ni siquiera el final se salva, un happy ending de novela romántica, combinado con cierta justicia poética anarquista donde el malo muere. Todos felices y comieron perdices.
P.D: Podría seguir con todas las cosas que para mí no funcionaron, que son muchas, pero voy a terminar acá. De verdad me pareció una novela fallida y floja.







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