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"Si sintieras bajo los pies las estructuras mayores" de Roberto Chuit Roganovich (Alfaguara, 2025)

  • Foto del escritor: José Henrique
    José Henrique
  • 19 ene
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 20 ene



Dije que iba a volver sobre lo próximo de Chuit Roganovich en la reseña que había hecho sobre su primera novela Quiebra el álamo (https://joseahenrique.wixsite.com/josehenrique/post/quiebra-el-%C3%A1lamo-de-roberto-chuit-roganovich-futur%C3%B6ck-2022) y acá estamos. ¡Ufff, qué pedazo de novela escribió este muchacho!

Si sintieras bajo los pies... (premio Clarín 2024) es de esas obras que son cumbres en la vida de un escritor, el tema es que es su segunda novela y tiene sólo  33 años. Aunque espero con ansias su próxima, no sé cómo va a hacer para escribir algo que supere lo que hizo en ésta. Sí, así de impactante es, se los aseguro.

Vayamos al texto.

La construcción de los cuatro narradores es un trabajo sin fisuras, ya se vislumbraba esto en su anterior novela. Pero la musicalidad y cadencia que logra en ésta es un “puema”, diría mi abuela. Cada uno de estos relata desde épocas distintas, conectados en tiempo y espacio por la aparición de una planta gigante y extraña que emerge cada vez que la guerra aflora y amenaza el colapso del mundo. 1504, el genocidio colonial en América; 1888, un positivismo descontrolado que avanza en su tecnificación y sed de ganancia, a expensas de las terribles condiciones de vida de los trabajadores; 1945, guerra mundial y el horror de Hiroshima y Nagasaki; 2037 hasta el infinito y más allá, cuando la tierra casi se ha sacado de encima el problema del parasitismo humano.

El manejo y la construcción de lo vocativo en sus voces, es de una potencia tremenda. La voz que (por medio de una pócima de hongos logra ver simultáneamente cualquier punto del planeta), sobrevuela América en 1504 y le susurra al oído del lecho de la reina Isabel, enferma de un cáncer de útero terminal, es maravillosa.

Ya planteé en la reseña anterior que se le nota el bagaje de lecturas que tiene y, lo más interesante, que no deja costura a la vista de éstas, porque no está pensando en el lector académico, y eso es muy difícil cuando uno proviene de ahí. Sus intertextualidades son “espectros” que habitan su obra y están en “armonía subsidiaria” con su novela. En los capítulos de 1504, no pude dejar de imaginarme a la cámara relatando (como suspendida en las alturas) en Aguirre, la ira de Dios de Herzog; o el diálogo constante, en los capítulos de 1888, con el Frankenstein de Shelley y el Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson; o , esa charla contemporánea, en los de 2037, con esa gran novela de Juan Mattio, Materiales para una pesadilla. Como si retomara al personaje de Mattio, que intenta hablar con los muertos disgregándose en un programa de realidad virtual, y lo instalara más allá en el tiempo, en un infinito de voces, ya sin la necesidad de representarse la materialidad, sólo una gran bocanada de sensaciones integradas en un todo.

Vengo insistiendo hace mucho tiempo que en la nueva etapa que se abre, el fantástico, más allá de sus expresiones, va a reinar en detrimento del realismo de historias mínimas posmodernas y sus “yo” insoportables. Porque las preguntas de lo que se viene son complejas, y para entenderlas, hay que imaginar nuevos mundos.

Esta novela es como si se nutriera de las distintas manifestaciones y tradiciones del fantástico y las pusiera a todas en juego, el gótico, la ciencia ficción, el realismo mágico, etc., etc. De alguna manera funciona como un manifiesto para internarse en esta nueva “ficción extraña” (weird que le dicen algunos), para descular cuáles son sus preocupaciones, denuncias e intentos de afirmaciones. No sólo lo logra con creces, sino que es una novela que va a marcar época. Por lo que abre y por la belleza de su relato

Corran a conseguirla.

 
 
 

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