"Big Rip" de Ricardo Romero (Alfaguara, 2021)
- José Henrique

- 8 jun
- 2 min de lectura

Las páginas de Big Rip son como las escamas muertas de la piel que, en su morbidez, cumplen una función vital para el cuerpo. Ésas que, después de un tiempo, se deshojan, desperdigando información ribonucleica por rincones inverosímiles, a la espera que la electricidad contenida, atraiga polvo y forme pelusa cada vez que un lector pase la escoba. O también, un mazo de barajas de tarot, que una vez tiradas, se recogen, se mezclan y vuelven a depositarse en la mesa, creando una nueva vieja historia cada vez. Así se estructura esta novela que se va desgranando como esos libros mal engomados de los '90.
Y entonces, el genocidio colonizador, el bombardeo del `55, las desapariciones de la última dictadura, Malvinas, los subsuelos del rock canalizando la bronca juvenil del horror y la derrota, masticando esa descomposición, lenta y sostenida, de una democracia donde no se come, ni se cura, ni se educa, funcionan como materiales pasticheados para rearmar, cada vez, una historia atemporal, atravesada por la violencia.
En sus 800 páginas, Big Rip, intenta ser una novela total y lo logra, no porque agote los acontecimientos, sino porque extrae, como un perfumista, las esencias, y nos las entrega para que armemos nuestras propias sinapsis fantásticas, sin tiempos, sin linealidad, sin escenarios estables, y podamos reconstruir nuestra propia filiación a un mundo plagado de muerte que nos conduce a un Big Rip inevitable si no intentamos juntar las cartas y dar de nuevo. Reconocer y escuchar la voz del loco, que en su relato de horror lacerado, denuncia. Sólo visualizando su grito herido, sus marcas, seremos capaces de un nuevo inicio o seremos condenados a repetir, una y otra vez, la misma tirada de cartas sobre la mesa.
P.D: Romero deja claro, con una nota final, que la novela la terminó de escribir en febrero de 2020, en las puertas de la pandemia. Esta intencionalidad, creo, que es para marcar, como diría el Indio, que nos acaba de dejar, que "el futuro llegó, hace rato".





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