"La segunda lengua materna" de Flor Canosa (Indómita Luz, 2023)
- José Henrique

- 15 abr
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 29 abr

Es lo primero que leo de ella. La apuesta narrativa de esta novela tiene mucho de la de Ariana Harwicz. Ese monólogo femenino, agresivo, provocador e incorrecto en boca de una madre; la crisis de la maternidad en el centro de la escena; el dinamitar cualquier vestigio de las características que el patriarcado endilga a la mujer: bondad, paciencia, amorosidad, comprensión, sacrificio. No estaríamos muy herrados si dijéramos que esta novela le suma un capítulo, en clave de ciencia ficción, a la "trilogía de la pasión" de la Harwicz, porque la pasión, desenfrenada, egoísta y violenta, es el motor de su denuncia ácida al mundo masculino.
Pero Canosa no se queda instalada solo ahí. A esta estructura le da una vuelta de tuerca que aporta algo más. Por un lado decide instalarse en el weird (fantástico extraño) y desde allí erige una novela que a la vez es un aparato crítico, que repasa y se nutre de la tradición de la ciencia ficción. Se apoya en el gótico inglés, en especial en el Frankenstein de Shelley, para cuestionar al positivismo y su voracidad desenfadada. Lo hace de forma muy inteligente, porque el monólogo de nuestro personaje (una científica que ha logrado colocar a la Argentina en un lugar privilegiado ya que ha inventado un dispositivo que le permite usufructuar las redes sin que ningún otro país pueda apropiarse de los datos que genera), tiene la forma de un "paper científico", plagado de notas explicativas a pie de página. que intenta demostrar el componente "mágico" de la pasión, y cómo éste dinamita, con su tiranía, toda lógica positivista de control armonioso hacia el desarrollo. Como si la conclusión de ese paper fuera "vivimos en un caos pasionario, y aunque se lo intente envolver en celofanes científicos, éste pertenece a la dimensión mágica, no se lo podrá ni entender, ni comprobar empíricamente, de lo que se trata es de negociar con él, como con un terrorista que es capaz de secuestrar a toda la humanidad en pos de saciar su apetito ". Como decíamos, además de repasar la tradición de la ciencia ficción, invita a la mesa central a Shelley, le pide prestado su idea Frankenstein para, desde allí, erigir uno nuevo pero con características de Uroboro. Si Frankenstein es un monstruo conformado por dos partes complementarias que se atraen y se repelen, que se constituyen y se destruyen infinitamente, disparados hacia la soledad de la nieve del ártico, en una eterna imposibilidad de síntesis filial, el Uroboro que construye Canosa es el creador, su bestia, su progenie y todo lo material, integrados en un solo personaje, imparable como un agujero negro que intenta fagocitarse el absoluto y por ende a sí mismo.





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