"Espacio negativo" de B. R. Yeager (Caja Negra, 2023)
- José Henrique

- 25 abr
- 5 Min. de lectura

Podríamos definir esta novela como parte del espectro Poltergeist en el sentido de la película homónima estrenada en el '82, o Pesadilla en la calle Elm del '84. Esa estructura de mundos paralelos conectados por portales. Para hacer una conexión con la literatura argentina reciente pensemos, por ejemplo, en Nuestra parte de noche (2019) de Mariana Enríquez.
Si reparamos en el éxito de El bebé de Rosmary (1968) o El exorcista (1973) podemos establecer cierto hilo de continuidad en estas estructuras de pasajes con las de los ’80. El esquema básico sería: El mundo del horror encuentra alguna puerta para penetrar en nuestro presente amenazando su estabilidad, y la respuesta heroica de los protagonistas del acá, consiste en resistir la acechanza del otro lado y lograr cerrar el portal para recuperar la tranquilidad que reinaba en sus vidas.
Aventuremos contra qué estaba vociferando este tipo de ficción (creo que podríamos hacerlo extensivo a la ciencia ficción o al gótico de la época): Hacia fines de los ’60 el hegemón del mundo entraba en una crisis de balanza comercial que va a desembocar en la caída del patrón oro, la crisis del petróleo, la guerra de Vietnam, etc., etc. Hay un intento de las clases dominantes de recomponer sus ganancias, liquidando el estado de bienestar de la posguerra (que se vieron obligados a otorgar por temor a la revolución luego de esas dos grandes carnicerías humanas, porque la guerra fue y será "partera de revoluciones"). Ese mundo de desempleo, miseria y horror, abría el portal para volver, como una gran mancha de petróleo, a fagocitarse al mundo de relativa paz y ascenso social que prometieron. Y “la respuesta heroica de los protagonistas” para intentar cerrar el portal, fue formidable (mayo francés, otoño caliente italiano, cordobazo, cordones industriales chilenos, derrota de Vietnam, Revoluciones centroamericanas, etc, etc.), nótese que la radicalización de las clases medias, hijas del estado de bienestar, fue enorme. Pero no fue suficiente. El reaganismo/tatcherismo de los ’80, previa derrota de esa resistencia con las dictaduras del cono sur o con grandes desvíos en los países centrales (no olvidemos el triunfo imperialista en Malvinas, esa gran lección que le dieron al mundo, revirtiendo las heridas de la derrota en Vietnam), pateó la endeble puerta lanzando sus más endemoniados monstruos para devorar las migajas que quedaban del boom.
Los ’90 fueron la consolidación de ese festín, donde convivimos famélicos y frívolos, con “la mancha voraz” que lo impregnaba todo. Un mundo unipolar, luego de la caída del muro, consolidaba el acuerdo liberal-socialdemócrata (“Tony Blair fue mi mejor logro”, Tatcher dixit), clausurando, por medio de esa alianza, cualquier afuera posible del capitalismo. Con matices, promocionaban la misma ilusión del fin de la historia, de la lucha de clases; algunos, levantando contrapoderes para sembrar la esperanza de hacerlo más humano, y otros, aprovechando los momentos propicios para ponerle más púas al latigo del capital. Pero en resumidas cuentas, fue el reinado de los zombis.
La pregunta sería, entonces, ¿qué hay de nuevo en este fenómeno? La aceleración de los "tiempos" de este largo proceso de descomposición.
El crack del 2008, la creciente disputa de la hegemonía norteamericana, y la pandemia como elemento acelerador, clausuraron ese período transitorio de pantano posmodernista, donde nos hundíamos en la inmediatez, sin afuera, cargando en nuestras mochilas la imposibilidad de transformación social.
Las tendencias a las crisis, guerras y revoluciones, intrínsecas a este modo de producción que necesita del imperialismo para resolver sus disputas inevitables por mercados, se vuelven a instalar de forma abierta, a grito pelado, sin victorianismos, ni envolturas semidemocráticas, y un sector ha decidido que es momento de ir por todo lo que queda de ese estado de bienestar, sin importar las consecuencias de lo que abra.
Pero ésta es una pequeña reseña sobre la novela de Yeager y a pesar de que me fui por las ramas, allí iremos, tratando de marcar algo novedoso en estos nuevos polstergeist. El fenómeno más general queda como deuda para un artículo más extenso.
Volvamos.
¿Qué tienen de distinto con respecto a los portales que se abren en los '70 y en los '80?
Si en esas décadas, el mundo de horror paralelo, no es invocado, se impone y hay que resistirlo para que no contamine el mundo que teníamos, en los nuevos polstergeist, los personajes buscan abrir un portal que los lleve a otro lado, porque el infierno donde viven es irrespirable y su azufre los está desgarrando. Ya no hay nada que defender en el espacio que nos rodea, está roto y es imposible humanizarlo.
Desde el título, Espacio negativo, Yeager nos va a hacer un güiño acerca de esto, porque Tyler, el personaje central, el que abre el portal para usar esas fuerzas que le otorga el otro lado; es como un Cristo que se sacrifica para liberarlos a todos, para concretarles el deseo suicida; el que los acompaña con la palma en el hombro, facilitándoles la cuerda. El Espacio negativo, no es el que está detrás de la puerta, sino en el que vivimos y del que hay que huir.
Es una novela de padres quebrados, de jóvenes que se suicidan colgados de donde pueden, sin futuro, pluriempleados en trabajos basura, eludiendo la realidad con la droga que tengan a mano. Las noticias no hacen muchos aspavientos de los suicidios, "fingen demencia", tratan de justificar de forma individual estas decisiones. ¿Y los adultos?, de a poco, también son seducidos por los jóvenes y se dejan llevar hacia ese otro espacio que no puede ser más negativo que éste.
Inclusive pensemos en la serie Stranger Thinks en donde, más allá de su planteo edulcorado, esta lógica se repite, es el ejército el que genera, de este lado, el arma/monstruo adolescente que se le descontrola. Son sus sufrimientos y miedos los que buscan refugio en el otro lado ¿y qué hace? A la manera de Tyler arranca niños del lado de acá para exterminarlo todo y que la angustia cese.
¿Es escéptica la novela?, sí, porque no logra visualizar un mundo distinto, pero es un grito desesperado de la asfixia en la que vive la juventud. Es una denuncia del presente sin contemplaciones. Lo que entra en crisis, en definitiva, es la imposibilidad de la reforma, pero ojo, que cuando esta esperanza utópica cae, si bien la primera reacción puede ser el escepticismo y la angustia frente a un mundo plagado de bombas, de exterminio, de miseria, de catástrofes ambientales, puede volver a aparecer, como diría el barbudo, un viejo/nuevo fantasma que recorra el mundo.
P.D: Si les interesa más sobre el autor, chusmeen acá la reseña de la novela Amigdala-Trópolis (Caja Negra, 2025).





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