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"El lanzador de cuchillos" de Steven Millhauser (Interzona, 2021)

  • Foto del escritor: José Henrique
    José Henrique
  • 23 feb
  • 3 Min. de lectura

Huir es la palabra clave de este libro. Más precisamente, individuos aislados, solos, huyendo del horror de la superficie. Remontar vuelo, o enterrarse en las entrañas de la tierra, es la única fantasía de escape. Cada uno de los cuentos que integran este volumen se choca de frente con la desazón de un mundo positivista que ha arrasado con todo a su paso, incluso con la subjetividad de las personas, reduciéndolas a consumo, a adrenalina constante que desemboca en abulia, en catástrofe y que vuelve a empezar.

Su apuesta a lo fantástico relee a Kafka y redobla la apuesta hacia el abismo. Porque si la estrategia del de Praga, es instalar a un héroe decimonónico en la realidad sin sentido tras el desencanto de la Gran Guerra; si esa colisión hace que no aprenda, que se frustre la aventura, la posibilidad de narrarla y lo único que consigue es la propia condena y muerte de ese héroe sin siquiera dilucidarla, los personajes de Millhauser saben que están enterrados en la mierda, han probado ser sujetos posmodernos, se han asqueado y lo único que les importa es huir a toda costa.

Sus cuentos, llevan en sus entrañas, también, la denuncia y el escepticismo del gótico, del decadentismo y del romanticismo, con una belleza e ingenio narrativo que apabullan.

Repasemos, a vuelo de pájaro, alguno de los relatos de este libro.

En "Vuelo en globo" el personaje es enviado a cruzar las líneas enemigas, vuela por encima del horror de la guerra, la perspectiva hace que la aprecie en toda su dimensión, le disparan para voltearlo y asciende, asciende descargando lastre, pero cuando divisa la línea del ejército propio, el éxito heroico de la empresa se nubla, la promesa del cielo infinito se le presenta como salida, para alcanzarla necesitaría menos peso y la idea de tirar a su acompañante se impone.

En "El sueño del consorcio", éste ha comprado la tienda tipo Harrods, insignia de las salidas y consumo de ese pueblo. Todo está narrado desde la resistencia y crítica tenaz frente a su reinauguración. Hagan lo que hagan no van a ser seducidos a comprar allí. Las personas sólo van a entrar para corroborar su rechazo. Lo que se encuentran es monumental, el consorcio ha armado salas que emulan el antiguo Egipto, selva con leones y monos, etc., etc. Los compradores se resisten porque saben que son estrategias para venderles. Vuelven una y otra vez, las obras de nuevas salas están en constante expansión hacia arriba y hacia los subsuelos, se vende todo, hasta reproducciones de ruinas antiguas para adornar los hogares. Pasan lo días y cada vez son menos los que se resisten. Las obras avanzan frenéticas, siempre hay una nueva sala en costrucción. La fascinación infinita los atrapa, de por vida, en el recorrido de ese edificio.

"Paradise Park", es la construcción de un parque de diversiones. La multitud se agolpa para ingresar y cada año se agrega uno nuevo, hacia el centro de la tierra, para saciar la sed de adrenalina de los usuarios. El último es un banquete del horror, descomposición, muerte y desenfreno sexual. Cada uno de esos pisos, descienden, en una espiral literalmente dantesca, que culmina en el incendio infernal que consume la monstruosa estructura.

Y así cada uno de los relatos.

Quiero cerrar con "Habla Kaspar Hauser". Todos conocen la historia del hombre criado en el bosque que aparece en el pueblo caminando en cuatro patas, sin poder hablar y de su "exitosa" resociabilización. Bien, este relato, lo pone a Hauser dando su alegato en una corte de Nüremberg (no es casual la ciudad que elige), no se sabe bien por qué razón. Toda su alocución es acerca de explicarles su denodado esfuerzo por dejar atrás al Kasper bárbaro y aprender lo que laboriosamente le enseñan. Pide perdón todo el tiempo si no es, todavía, el que ellos esperan. La angustia por querer ser es desesperante. Les dejo acá las palabras finales de su alegato para que saquen sus propias conclusiones.

A veces siento que me borro lentamente, para que surja otra persona, la persona que anhelo, que no se parecerá a mí. Entonces pienso en mi asesino, cuyo aliento siento a mis espaldas. ¿Es posible que él, el oscuro murmurador, cumpla mi deseo más profundo? Pues cuando ese cuchillo que me asecha se clave hondamente en mi pecho, al fin dejaré de saber en qué consiste ser Kaspar, pues me despediré de él para siempre.


P.D: Nótese que en este cuento pareciera como si el autor jugara con la similitud fonética de su propio apellido, pero multiplicando por millones las voces del alegato.

 
 
 

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