"Una casa sola" de Selva Almada (Random House, 2026)
- José Henrique

- 30 mar
- 3 Min. de lectura

No hace falta que diga que Selva Almada escribe muy bien, que de alguna forma heredó esa humedad saeriana, aunque en su caso, el motor sea mesopotámico. Una que va impregnando las paredes de las casas, las ropas de los personajes, y que termina calando los huesos del lector. Esto sigue funcionando y cualquiera que la lea va a disfrutarla. Sabe lo que genera y lo hace magistralmente, nadie que haya leído su trilogía sobre las relaciones entre los hombres (El viento que arrasa, Ladrilleros y No es un río) va a sentirse decepcionado.
En esta última novela la casa es la que narra. Lo hace desde su inmovilidad. Atrapada en sus cimientos, no sale a buscar lo que narrar sino que lo hace con el material que la transita, que la habita; no busca los hechos, cuenta con los fragmentos que le llegan. Más allá de sus heridas, sus recomposiciones o descomposiciones, provocadas por otros, tiene la ventaja de perdurar en el tiempo, funcionar como memoria. Y con estos retazos que la invaden arma relato, plagado de huecos, de falta de información, de dudas, de contradicciones. Éste no resuelve, sólo le ofrece al lector un manto de humedad y neblina del que tendrá que nutrirse para recomponer o recrear los hechos, las causas, las consecuencias. La soledad donde se encuentra no le permite ni siquiera cotejar marcas con otras casas, con otras huellas que entreguen matices distintos para aproximarse, de forma más certera, a los hechos. Cerca, pero no lo suficiente, está el bosque, con sus fantasmas que a veces se aproximan y moran en ella, pero nunca va a ser penetrado por su narración para poder constatar las cicatrices que allí se encuentran.
La novela es bella, de eso no cabe dudas. Aunque debo reconocer que hubo algo que deseaba encontrar y no lo hallé. Hace un tiempo, me invitaron a hablar de libros a ese gran programa sobre literatura (Maldición eterna...) que conduce Flavio Mogetta en la radio de la Univ. de La Plata. Ahí tiré de forma provocativa, como buen "viñista" que soy, si la potencia que había tenido la literatura de "las chicas", ganándose un lugar a pura trompada literaria, trayendo aire fresco, provocador, con mucho para decir, golpeando como parte de esa ola verde que ganaba las calles, iba a volver a romper y rebelarse ahora que estaban todas publicando en las grandes editoriales. Porque el que se atrevió y apostó a su voz fue el fenómeno de editoriales independientes, casi todas empezaron publicando en ellas, las grandes se limitaron a subirse al carro una vez que se demostró que funcionaba también en el mercado. Si este pasaje, con su necesidad de explotar la fórmula que funciona, no iba a limarles su capacidad de rebeldía, de ir contra viento y marea, pateando el tablero de lo dado una y otra vez, como lo hicieron.
Porque en el mundo están pasando cosas a toda velocidad y la reacción pega como nunca, sentí que la novela no incomoda, no provoca, como si estuviera regida por el repliegue; una memoria que atestigua pero que queda aferrada por sus cimientos con la incapacidad de ir a romperlo todo.
Reconozco que el problema no está en la novela sino en mis expectativas de ruptura que tuvo esa poderosa voz. Por eso pongan en suspenso y entre mil comillas lo que dije al final. Léanla que la van a disfrutar un montón.





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