"La tercera aberración" de Flor Canosa (Fondo de Cultura Económica, 2025)


Hay muchas cosas interesantes en esta novela, aunque no me haya terminado de cerrar del todo. O quién sabe, le entré con otras exigencias y expectativas después de mi grata sorpresa, al leer La doble lengua materna, mi primera aproximación a ella.
La idea fuerza de la novela es potente y más que acertada. Ese hotel de San Telmo, que sufre ciclos de transformaciones, como un cubo mágico en dónde cada cuadradito es un recinto de la casa que en dos, tres, cuatro movimientos se desarma y reordena, manteniendo el todo pero relocalizando sus partes, funciona muy bien. Que la tención la haya puesto en su inminencia y no tanto en el shock del suceso propiamente dicho, le permite alimentar la tensión, y el lector lo agradece. Que en el desarrollo, el afuera del hotel aceche y haya que estar atento a lo que pueda traer consigo cada probable huésped que atraviese la entrada, es otro acierto; porque se deduce que es el silencioso horror de la dictadura lo que circula puertas afuera; porque nada está explícito y esto ayuda a construir el vaho de lo oscuro que empieza a filtrarse puertas adentro; porque cada aberración de movimiento producida cuando ese vaho penetra, atrapa a alguien entre sus muros... y desaparece. Me encantó cómo está tratada la desaparición de la hija menor de quien regentea el hotel, en uno de sus movimientos. Lo que parece desapego cruel por parte de la madre (esto impacta sobre el lector), no es más que el sufrimiento desgarrado e impotente, frente a la rutina feroz, hambrienta e inevitable, del horror que reina en el afuera.
Ahora bien, ¿qué es lo que no me cerró del todo, con tantas cosas que funcionan de forma tan acertadas?
En un momento pareciera que Canosa se hubiera querido sacar la novela de encima. Hay como una precipitación para cerrarla, en el momento en el que todo ese trabajo minucioso estaba madurando. La asfixia que estaba construyendo en los personajes y en el lector, de repente explota. A punta de pico y pala disipa toda esa exquisita niebla que tan minuciosamente había construido. Pone luz, evidencia, le resuelve todas las sospechas al lector, como si ella misma no hubiera aguantado la asfixia de lo inmanente que acecha y no detona.
Creo que esta novela, para su resolución, pedía echar mano a la caja de herramientas que Cortázar nos dejó en Casa tomada, hubiera dialogado mejor con la tensión que sentimos en el cuerpo, percibiendo hoy, en su acechanza, las partículas negras del negacionismo que van adquiriendo cada vez mayor densidad.
P.D: Más allá de todo lo que dije, lean a Canosa, la van a disfrutar.





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