"Un dios sacude la casa" de Eugenia Almeida (Edhasa, 2026)


Mi puerta de entrada al mundo Almeida fue La tensión en el umbral. Quedé atrapado por este policial armado con descomposición e impunidad, que rasca ese barniz colorido pero hipócrita de las instituciones de la democracia de los dos demonios y se enloda en los subsuelos de “la mano de obra desocupada” post dictadura. Después visité El colectivo, La pieza del fondo y Desarmadero.
Almeida es de mis escritoras preferidas dentro de esa camada tan potente que irrumpió con fuerza de la mano de la ola feminista que invadió las calles. Hay algo en su obra que me seduce y la hace distinta. El diálogo particular que establece con la institucionalidad.
Sus obras no se repliegan al “margen” para esquivar el ojo y la mano normativizadora de las instituciones y desde lo marginal criticarla. Tiene una mirada mucho más aguda, revuelve la podredumbre para mostrar, no sólo que lo marginal no es lo que escapa a lo institucionalizado, sino que es su producto más acabado. Es la crítica a “este orden” que descompone, que lacera, que enloquece, que reprime.
En los cuentos de Un Dios sacude la casa vuelve a insistir con esto. Son cortos y punzantes como una faca o una bala del 22. “La casa está en orden” dijo Alfonsín desde el balcón de la máxima institución, frente a un pueblo movilizado dispuesto a poner el cuerpo para desordenar el mobiliario pintarrajeado del horror. En este libro Almeida sacude “la casa” una y otra vez. Porque los desechos que ésta (a partir de sus ejecutantes, el poder judicial, la policía, el ejército, el poder político, el manicomio) va depositando de forma “ordenada” en las orillas sociales, pero de repente, la ira, la miseria, el hambre, el abuso, la violencia, la locura vociferan, desestabilizan e incendian. Entonces “la razón” queda desnuda, envuelta sólo con su propia mentira.
P.D: Le robo el epígrafe a Almeida y lo dejo hablar a Sófocles: Felices aquellos cuya vida no ha probado los males. Porque no hay calamidad que deje de abatirse sobre toda la raza de aquellos a quienes un dios sacude la casa.






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