"Las esferas invisibles" de Diego Muzzio (Entropía, 2015)


En primer lugar hay que saludar a Entropía que decidió hacer una nueva reimpresión en 2025 para que vuelva a estar al alcance de los lectores.
A este libro lo conforman tres nouvelles, El intercesor, El ataúd de ébano y La ruta de la mangosta.
Si los relatos del Decamerón de Bocaccio surgen desde un lugar seguro, de la boca de jóvenes de la alta sociedad instalados en una villa campestre para huir de la peste negra que azotaba Florencia, los de Muzzio se instalan y brotan del fango descompuesto por los estragos de la peste amarilla de 1871 en Buenos Aires.
Recuerdo que en plena pandemia afirmé que si Bocaccio se hubiera animado a desarrollar la voz narrativa y la estructura de su proemio sobre la peste, y no hubiera hecho huir a sus personajes, habría tenido en sus manos la primera novela, arrebatándole a Cervantes ese mérito 250 años antes. Pero tengamos en cuenta que si bien, creo, esa peste fue el inicio del largo funeral de la Edad Media, a la burguesía incipiente le quedaba mucho camino por recorrer. No le exijamos al pobre Bocaccio, entonces, que se adelantara tanto. Pero que en esa introducción está el germen de lo nuevo, no hay duda.
Me fui por las ramas, volvamos a Muzzio, que es el que nos convoca. No sé si es porque vive en Francia, pero me parece que no tiene acá el lugar que se merece dentro del New Weird argentino. Y creo que con Las esferas... y El ojo de Goliat se ha ganado un lugar destacado en el mismo, ni hablar con el gran aporte que hizo con su traducción de esa tremenda novela de Rachilde, La torre del amor (1899).
Decía que estas tres nouvelles brotan del lodo mismo de la peste. Nos lleva a este desierto desesperante, donde todo contrato social se rompe y "la libertad", regida por la pulsión individual, se instala, abriendo la puerta a lo diabólico que ingresa y tienta.
Esta vieja fórmula del primer cristianismo, apelando a lo social para denunciar la descomposición y avaricia del Imperio romano, Muzzio la combina con el gótico inglés del sXIX, pero en tierras argentas.
Ahora bien, me quería detener en la última nouvelle del libro, La ruta de la mangosta. Lo interesante de ésta es que pone en juego la estructura típica de Drácula pero sin vampiros propiamente dichos. Intentaré ser escueto para spoilear lo menos posible. Un aprendiz de relojería abandona este oficio por parecerle monótono y aburrido, para irse a trabajar con un fotógrafo de muertos (tan común en la época). Lo que descubre es que el fotógrafo obsesionado por su mujer, extrae de la impresión fotográfica de los muertos recientes restos de lúmina que, mezclados con cierta dosis de opio, le permite crear una pócima para, al fumarla, mantener la juventud de sus cuerpos. Como se necesita hacerlo constantemente para no envejecer, esta pareja se traslada por todo el mundo a donde haya guerras y pestes que le proporcionen cantidades suficientes de cadáveres para ser fotografiados y conseguir la lúmina. En determinado momento la mujer, elige al aprendiz como nueva pareja y el fotógrafo obsesionado por ésta, le lega el lugar, pero le advierte en el infierno en que quedará atrapado. La peste termina y frente a la falta de cadáveres tienen que ir en busca de otros lugares. La crisis llega cuando a falta de muertos, ella le pide que mate gente para poder fotografiarlos.
Lo interesante, a diferencia de Drácula, es cómo se invierte la amenaza, ya no es la fuerza bruta de un ser medieval y aristocrático que desoye el poder inmobiliario de la modernidad y se lanza, para extender lo feudal, infectando a la metrópolis. Ya no desgarra gargantas, haciendo uso de sus poderes especiales, como miembro de una especie privilegiada, sino que es la técnica, el aparato artificial puesto al servicio de la tentación individual por la vida eterna. Cómo, la "libertad" individual que conquista al renegar de esa otra máquina que es el reloj, (creado por la modernidad para apropiarse y mensurar con exactitud, el tiempo de trabajo), es tentada por otra que le permita, no liberar al resto del yugo, sino garantizarle la inmortalidad, más allá de que ésta lo condene a un infierno interminable.
P.D: No quise hacer explícita la lectura de este relato con los nuevos tiempos regidos por las obsesiones capitalistas de los tecnomagnates. Eso se los dejo a ustedes. Pero una vez más muestra como la ficción permite pensar la pulsión de las dinámicas de la humanidad. Lean a Muzzio que vale mucho la pena.






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